Guasca, un municipio de Cundinamarca, Colombia, que no solo cautiva por su belleza paisajística, sino que también juega un papel fundamental en la seguridad hídrica de la capital colombiana. Sus montañas, cubiertas de verdes bosques y frailejones, albergan tres microcuencas: Chipatá, Río Blanco y Chiguanos, y Siecha. Estas microcuencas dan vida a ríos y quebradas que, como venas, fluyen hacia el embalse de San Rafael, una de las principales fuentes de agua para los bogotanos.
Imaginemos por un momento la importancia de este lugar: en Guasca, el agua que nutre a millones de personas, nace y se abre paso entre paisajes de ensueño. Ecosistemas de páramo y bosque altoandino, donde el aire puro se mezcla con el aroma a tierra húmeda, cobijan a especies emblemáticas como el frailejón, el oso de anteojos y el conejo de monte. Estos ecosistemas no solo proveen agua, sino que también actúan como reguladores del clima, protegen el suelo y conservan una invaluable biodiversidad.
Sin embargo, este oasis de vida enfrenta desafíos. La creciente presión por la expansión de la frontera agrícola, la ganadería extensiva y la falta de conciencia ambiental amenazan la salud de estas microcuencas. La contaminación del agua por sedimentos, residuos orgánicos y agroquímicos, así como la deforestación, ponen en riesgo la cantidad y calidad del agua que llega a Bogotá.
Ante esta situación, la Gobernación de Cundinamarca, la Secretaría Distrital de Ambiente de Bogotá, con apoyo de la Fundación Santo Domingo y Bavaria así como la articulación del Fondo de Agua de Bogotá: “Corporación Agua Somos” y la Fundación Alianza BioCuenca, han unido esfuerzos para implementar un ambicioso proyecto de Pagos por Servicios Ambientales Hídrico (PSAH) en Guasca. Los PSAH son un mecanismo financiero que busca reconocer económicamente a quienes contribuyen a la conservación de los ecosistemas y los servicios que estos brindan. En este caso, las comunidades locales de Guasca reciben, por medio de Acuerdos Voluntarios, incentivos por proteger 969,1 hectáreas de bosque, en 23 predios vinculados, beneficiando a 21 familias con una inversión total de $533.800.000
El proyecto de PSAH se basa en la participación activa de la comunidad. A través de talleres de Diagnóstico Rural Participativo (DRP), los habitantes identifican las problemáticas ambientales que afectan a las microcuencas y proponen soluciones acordes a su realidad. Con base en estos diagnósticos, se establecen acuerdos de conservación con los propietarios de predios ubicados en áreas estratégicas. Estos acuerdos implican la implementación de acciones de preservación de coberturas vegetales naturales y de restauración con especies nativas.